Viaje a Paris
Quería rescatar este post de mi viaje a Paris que había escrito en mi anterior blog.
Espero poder volver muy pronto!
No puedo dejar de pensar en volver a Paris.Creo que desde el momento en que el avión aterrizó me sentía fascinada. Esto de que el viaje durara siete días me tenía nerviosa; echaría de menos a mi marido, cabía la posibilidad de que la convivencia con madre una semana no fuera perfecta, pero yo iba con ganas de pasarlo bien y aprovechar cada momento. Sabía que no iba a volver pronto.
Día 1 : Domingo 29 de julio
Esto de los vuelos baratos tiene un coste a veces: los horarios. Nuestro avión salía a las 6 de la mañana y teníamos que estar un par de horas antes para embarcar. Tomar un taxi a las 4 de la mañana es un gran riesgo. Te puedes quedar dormido y hasta ahí llega el viaje, por lo que decidimos con mamá irnos un día antes a una hora prudente: 10pm. Las horas en el aeropuerto fueron una locura. Pensé en no dormir y pasar de largo. Fuimos a una cafetería como a la 1 de la mañana. Mamá pidió un express que no la dejó dormir ni la noche siguiente y yo tomé chocolate caliente porque me estaba muriendo de frío. Mala elección, era justo lo que necesitaba para dormir. Esa noche dormí cual contorsionista.
LLegamos al aeropuerto. Parecía un laberinto con varios pisos y escaleras mecánicas. Por algunos momentos sentía que estaba en la era de los supersónicos. Tomamos un metrotren que era muy caro! y no habían más opciones, luego un segundo metro. Yo pensaba que siempre en las entradas del metro hay una ventanilla donde te venden los billetes pero no. Habíamos recorrido una distancia considerable y al llegar a la entrada el supuesto billete que nos servía no funcionaba. Nos quedamos bastante sorprendidas. De pronto se acerca un chico, tipo jugador de la NBA, quien muy amablemente nos preguntó si queríamos pasar y tras una breve explicación nos dio dos boletos y siguió su camino mientras yo le decía ” Merci beaucoup” mil veces. Tomamos el metro y llegamos a la Gare du Nord tomamos nuestra combinación y nos bajamos en Place du Clichy que en teoría estaba muy cerca y en la práctica estaba al lado de nuestro hotel.
Al llegar al hotel (que pillamos un día antes y no teníamos ni idea que tal sería) nos dijeron que nuestra entrada era a las 4 pm y eran las 10am. Dejamos las maletas y comenzamos la aventura.
Con plano en la mano comenzamos a caminar. Vi un cartel que ponía Sacré Coeur y nos entusiasmamos. Yo caminaba cual guía parisina, super segura y estaba absolutamente perdida. Le pregunté a una señora y el camino era todo lo contrario. La señora nos acompañó hasta que encontramos el camino. Luego comenzó a llover tipo el diluvio universal. No se veía nada con la lluvia y hacía un frío espantoso. La señora siguió acompañándonos pese a la lluvia! Con mamá íbamos de veranito así es que no nos quedó otra que refugiarnos en la entrada de un hotel donde encontramos una pareja que estaba igual que nosotras. De eso que hablas uy que mal está el clima, nos dieron un dato buenísimo de un trencito que salía frente al Moulin Rouge y que llegaba al Sacré Coeur, lo que sonaba perfecto debido a la intensa lluvia. Caminamos, estábamos al lado y llegamos al trencito-auto.
Estaba super bien de precio y era muy divertido… hasta que se puso a llover de nuevo en plan diluvio y decubrimos los fallos del trencito: estaba lleno de goteras y no tenía puertas. Hacía un frío horrendo y nos estaba lloviendo adentro del tren…
Con mamá ibamos abrazadas como esos muñecos con velcro y muertas de la risa. Algunas personas abrían sus paraguas adentro del tren y la imagen de los que íbamos adentro era bien graciosa parece porque la gente de afuera se reía mucho cuando pasaba el trencito…
LLegamos arriba, felices y con la conclusión de que caminando no hubiesemos llegado nunca (al final del viaje descubriríamos algo pero eso lo dejo para el día que corresponda) LLegamos al Sacré Coeur, era precioso, imponente, tan blanco y perfecto.
Saqué mi cámara y planée miles de fotos adentro pero había una persona que avisaba que estaba totalmente prohibido todas las clases de cámara y que había que cubrirse, nada de mostrar escote u hombros. Con mamá nos salvamos porque llevábamos chaquetinas. Había una misa. Las imágenes eran increíbles. De pronto sonó un coro de monjas y un organo que había al fondo de la basílica en un segundo piso. Me dio escalofríos y me emocionó hasta lo más profundo. Fue un momento precioso, abracé a mi mamá y me pareció increíble que estuviera en ese lugar con ella. Seguimos recorriendo y a la salida vi una tiendita con un cerro de cosas de la iglesia para vender y lo que más me extraño: una máquina de monedas. Tú metías dos euros y te aparecía una moneda; podías elegir entre una de Jesús o una de la Basílica, o las dos… una máquina de monedas?!!
A la salida nos quedamos mirando todo Paris y volvimos al trencito.
Aún no habíamos comido nada desde el café del insomnio y el chocolate del sueño inmediato asi es que como nos quedaba hacer hora para entrar al hotel, decidimos tomar des-almuerzo. Un chocolate grande para cada una y un panini de camambert. Fue absolutamente reponedor después de tantas horas sin comer, el frío insoportable y las pocas horas de sueño.
Al llegar al hotel, fue increíble darse cuenta que a pesar de haberlo encontrado por internet y a buen precio, fuera bueno y quedaba cerca de todo lo que queríamos!!
Dormimos un rato antes de salir.
Caminamos por una calle que parecía tener tiendas abiertas (era domingo). Habían cerros de tiendas de zapatos increíble a precios aún más increíbles. Es raro pero a mi los zapatos no me llaman la atención mucho. Prefiero tener pocos muy bonitos a tener miles que no me pondré nunca. Mamá es como Imelda . Así es que influenciada por ella no me resistí a varios pares de preciosos colores!!! Al volver al hotel “descubrimos” una crepería y caímos en la tentación de uno de banana. Volvimos al hotel y vimos una película increíble que tengo que tengo que buscar el nombre de inmediato antes que se me olvide. Actuaba María de Madeiros que me encanta.
Día 2: Lunes 30 julio
Comenzamos el día con un delicioso chocolate caliente y caminamos a las galerías Lafayette Mil horas de caminata valieron la pena. Cada piso era fabuloso. Recordé las grandes tiendas chilenas que pensaba que eran divertidas y ya no pienso lo mismo.
El primer piso era de productos de belleza y descubrí muchas marcas diferentes que me alucinaron. Como una marca que no puedo recordar que su base era como un disco de vinilo (ahora sé que se lama Benefit) y en sus envases aparecían dibujos de muñecas como vintage.
Compré una bufanda de gatito, manguitas, unas botas y un brillo de labios con sabor rico. Almorzamos crèpes de queso y caminamos por calles desconocidas.
Encontramos un supermercado con buenos precios porque estábamos comprando agua a dos euros (toing!) Descubrí mi postre favorito en este supermercado que por desgracia no encontraré en barcelona ( marron suisse ) pese a que es el mismo supermercado que hay en barcelona. Ese postre me llevaba con cada cucharada a mi infancia, cuando traían del campo sacos enormes de castañas y en invierno se comían en diferentes clases de postre que yo amaba con todo mi ser.
Petit marron era una delicia que no volvería a probar así es que comí todo lo que pude. No fue suficiente. Ahora que recuerdo su sabor lo necesito: era exactamente como lo preparábamos en casa. Se cocían las castañas , se abrían y sacábamos su fruta. La pasábamos por colador y quedaba como polvillo de castañas que revolvíamos con crema. Era igual!!!! Necesito ese postre.
Por la tarde descubrimos que había una subida directa al Sacré Coeur sin trencito sino en funicular. Ahí estábamos entremedio de un grupo de chilenos senior que se sentían agobiados con la idea de subir en ese transporte y una abuela prefería subir los docientos y tanto escalones de una escalera kilométrica que había al lado…
Arriba, un japonés cantaba temas de Elvis frente a la basílica y un poco más lejos una chica que tocaba un instrumento rarísimo que sonaba como si estuviéramos en el cielo. Y lo estábamos
Volvimos a entrar y bajamos a pie.
Abajo nos subimos al carrusel. Sí, el mismo de la película de Amélie y lo pasamos super bien, nos reíamos como locas.
Volvimos al hotel caminando por Pigall y vimos los Simpsons en francés que suenan rarísimo. Homero parece mucho más tonto que en la version latina o la española.
Vimos memorias de una geisha que es una peli que adoro.
Día 3: Martes 31 de julio
Para leer esta entrada recomiendo escuchar esto.
Ese día comenzamos con el ya tradicional chocolate caliente, porque pese a que era verano, hacía bastante frío. Teníamos decidido tomar el open tour. Tomamos el de dos días. Era divertidísimo, mucho más de lo que hubiera imaginado. Los había visto dar vuelta por barcelona y la verdad es que no me entusiasmaban mucho. Subías con un boleto, se lo mostrabas al chofer (quien muchas veces ni lo miraba) y subías. Lo mejor era ir arriba del todo. Aunque hacía frío, valía la pena porque veías todo mucho mejor y se podían tomar muchas fotos todo el rato. Te daban unos audífonos para ir escuchando la historia de los moumentos por los que íbamos viendo.Podías elegir el idioma, Cuando no había información ponían música parisina. Siempre iban repitindo los mismos temas eran como 10 y había uno que nos daba ataques de risa con mamá cuya letra era lalalá sin parar.
Nos subimos frente al Moulin Rouge. Habían 5 rutas. Notras hicimos 2 el primer día porque nos queríamos bajar en varios lugares. Eso era entretenido. Tenía varias paradas en lugares típicos. Uno podía bajarse si quería y quedarse mucho rato, luego volvías y esperabas el bus y seguías el recorrido.
Nuestra primera bajada fue en la catedral de Notre Dame.
Mientras hacíamos la fila kilométrica para entrar, nos comimos unos crèpes de queso deliciosos.Yo me sentía fatal por el frío que hacía. Adentro me llamó mucho la atención porque, pese a que había un cartel que ponía no sacar fotos, TODO el mundo las sacaba y no pude ser la excepción. La catedral era preciosa.
Volvimos a nuestra parada de bus y seguimos viendo monumentos mientras recorríamos el Sena.
Las fotos no son de lo mejor porque ls sacaba con el bus en movimiento. La próxima bajada fue en la torre Eiffel. Yo sufro un extraña fobia a los monumentos gigantes. Me dan vértigo estando abajo y mirar arriba. Me pasó con la Sagrada Familia.

Hicimos una fila kilométrica de una hora por lo menos. Yo creo que fue más incluso.

Al subir me dio vértigo en plan gore, intenté sacar unas fotos.
Pero no me sentí bien hasta que volvimos al 1er étage. Donde merendamos esto y ese nestea costó 5 euros…
Todo lo que imaginaba de la torre era tal cual y más. Vendían arriba muchos recuerditos que luego vimos abajo y en otros lugares por menos de 1/8 del precio.
Y conocí los baños públicos más limpios del mundo mundial. Había una señora que limpiaba cada vez que entraba alguien y si no hacías algo bien te lo gritaba y te enseñaba! Le pasó a una señora oriental y todas las que estábamos ahí nos quedamos plop!
La vista que había desde la torre era fabulosa, estar ahí fue un momento muy mágico, sobretodo después de haber escuchado toda mi infancia (estudié en la alianza francesa) hablar de la torre Eiffel.
Abajo de la torre había una fuente y unos patitos
Seguimos en el tour dando mil vueltas y sacando fotos.
Vimos muchas cosas más y hay más fotos en mi flickr
Al volver a casa volvimos un poco saturadas de información. Al ir con audífonos escuchando la historia de cada sitio y ver monumentos girando la cabeza sin para a la izquierda y derecha puede volverte un poco loco.
Comimos crèpes de castañas y nos fuimos al hotel a descansar.
Día 4: Miércoles 1 agosto
Hoy era el segundo día de Open tour.
La noche anterior había escrito todo lo que íbamos a hacer. Había que planificarlo porque eran muchas cosas.
Caminamos hasta la rue Auber, tomamos la línea verde hasta el museo Louvre que no habíamos podido visitar ayer porque los martes permanece cerrado.
El museo era gigantezco, ya me lo imaginaba enorme pero superó mis espectativas.
La entrada nos costó 9 euros y nos permitía ver todas las alas del museo.
Disfruté muchísimo poder caminar y observar tantas obras que sólo había conocido por libros en historia del arte y realmente emocionaba pararse frente a algunas obras.
Un imperdible por supuesto fue visitar la Giocconda.
Para mi, hasta el día de hoy es un enigma que a la entrada hubiera un enorme cartel prohibiendo sacar fotos. En las salas de exposición todo el mundo sacaba fotos a todo y en la sala donde estaba la Giocconda, cientos de personas se aglomeraban para una buena toma del cuadro. Una vez dentro me dejé llevar por la masa …
Volvimos a tomar la línea verde y seguimos el recorrido, estuvimos varias horas observando lugares preciosos, mientras escuchábamos la historia de éstos por los audífonos. Casi nos deshidratamos arriba del bus porque en la tarde la temperatura aumentó como al cuádruple.
Lo que más quería ese día era ir a una tienda que me habían recomendado visitar. Las personas del hotel no me dijeron bien la dirección y anduvimos caminando lejísimos, absolutamente perdidas de mi objetivo. Nadie conocía la calle…. porque nunca existió ahi! (al día siguiente descubriría que habíamos pasado al frente todos los días anteriores y estaba super cerca del hotel. Plop!
Nos comimos unos panninis, retomamos nuestro recorrido, terminamos el tour completo con repetición de la línea verde y no volvimos destruídas al hotel sin antes pasar a por un par de crèpes.
Día 5 : Jueves 2 de agosto
Este fue el día de las compras!!!!!
Llevaba en una libreta una lista de cosas que me habían obsesionado. últimamente sólo compro cosas que me obsesionan. Es parte de una terapia que me inventé post periodo de compradora compulsiva. Y me funciona.
Fuimos a Printemps, un centro comercial gigante, no tan bonito como las galerías Lafayette. Lo único que me gustó muchísimo era una línea de bijutería que se llama N2. Yo nunca suelo fijarme mucho en eso porque adoro el plastico y no me gusta nada llevar plata u oro. Esta línea tenía collares de plastico con mini juguetines, perritos de plastico, ranas de juguete. Una en especial, la de Alicia en el país de las maravillas me cautivó por completo y caí en la tentación de un broche de Alicia
Luego volvimos al Lafayette. Mamá me regaló un bolso precioso
y yo no pude resistirme a este reloj de Harakuru lovers.
Ese día fuimos , con la dirección correcta, a la tienda donde vendían Blythes y muñequitos y cosas chulas y tras caminar mucho: la tienda ya no existía y se trasladó a Bélgica. Cero posibilidades. Mejor para el bolsillo.
Con crèpe de queso en mano, volvimos al hotel con los pies reventados tras caminar 10 horas seguidas por lo menos.
Día 6: Viernes 3 agosto
Hoy nos levantamos temprano y tomamos el metro para ir al cementerio Père Lachaisse.
Ir en metro me dio la sensación de formar parte y ser una parisina mas. Me parecía tan diferente a cualquier otro trayecto que hubiese hecho en chile o en barcelona.
Nos bajamos, compramos un mapa que marcaba todas las tumbas de las celebridades. Comenzamos nuestro recorrido y nos perdimos por completo. Estábamos totalmente perdidas, solas en el cementerio y por más qUe miraba el mapa, seguía totalmente perdida. Así, llegamos a la tumba de Chopin y a la de Jim Morrison (que me la imaginaba más grande y más todo) custodiada las 24 horas por un policía. Estaba muy escondida y nos costó encontrarla.
Por la tarde mamá me invitó a comer al Chat Noire, donde probé los postres más deliciosos que he comido en mi vida. No saqué fotos porque estaba aterrorizada con que un tipo que estaba cerca me iba a robar , asi es que no saqué mi cámara. Pura paranoia mia al final…
Fuimos a caminar y a vitrinear.
De vuelta a casa compré un crèpe y saqué fotos para recordar siempre como los hacían.
El aroma y el sabor de esos crèpes eran únicos!!!
Por la tarde a mamá se le ocurrió que fueramos al centre Pompidou, un museo de arte contemporáneo que es un imperdible si vas a Paris.Tomamos el metro y estaba todo muy bien señalizado hasta el museo. Fuimos primero a la librería y me volví loca con las postales que vendían.
Hubo unas en especial que eran una maravilla y aunque eran caras compré una de cada. Quería comprar dos de cada una pero a estas alturas no me quedaba mucho dinero.
Ví un cuaderno de Blythe precioso con un holograma que hacía que cerrara los ojitos y mirara en diferentes direcciones. No lo compre porque era caro y lo tuve que dejar de lado cuando iba a pagar. Me arrepiento un poco de no haberlo hecho. Habían tantas cosas bonitas en esa librería, no me lo hubiera imaginado.
El museo era hermoso y la arquitectura era genial. Subías unas escaleras mecánicas por unos tubos hasta llegar arriba, era altísimo, tenías una hermosa vista de Paris desde ahí.
En el museo se podían tomar fotos. Aquí una donde aparezco con mamá.
Y esta fue la obra que más me gustó. Era una instalación de un dormitorio que conjugaba imágenes de santos, calaveras y otras imágenes satánicas.
Esta foto me gusta porque la tomamos antes de saber que se podían hacer fotos. Mamá se puso en la puerta y me dijo: Ahora! y una vez tomadas un par salimos caminando como si nada.
Caminamos por unas tiendas frente al museo, mamá compró unos souverins y volvimos al hotel.
Día 7: Sábado 4 de agosto
Penúltimo día. Qué horror, no quería que se acabara…
Este día fuimos a Versailles a ver el palacio. Tomamos un tren que en menos de una hora nos dejó en un lugar hermosísimo. Me lo imaginaba con más áreas verdes tipo la película María Antonieta.
Caminamos bastante y hacía mucho calor. De pronto estábamos frente al castillo. Era gigantezco y nos pusimos en una fila para comprar las entradas que duró más de 2 horas a pleno sol, el día que más calor hizo desde que llegamos, yo calculo fácil 30 º.
Luego de asarnos y deshidratarnos completamente, entramos al castillo. Las dos estábamos mareadas y cansadas a más no poder y vimos un pelín más rápido de lo normal.
Saqué un cerro de fotos, pero como en ese entonces no sabía usar mi cámara para nada salieron todas las fotos desesnfocadas.
Algunas que rescaté
Esta era la habitación de María Antonieta
Y este el jardín que era una preciosidad.
No dejaba de imaginar la película y como debe haber sido rodar en ese lugar tan maravilloso. Recuerdo el salon de baile, lleno de espejos y gigantes lámparas de cristal, era como cuento. Era impresionante y muy emocionante.
Me llamó la atención unas habitaciones que estaban en el primer piso, habitaciones de colores una detrás de otra, con colores primarios intercalandose, eran varias, con cuadros gigantezcos, me parecieron absolutamente kitch y me pareció demasiado “moderno” para la época. No sabía que en esa época se usaran esos colores y menos en un palacio.
Cuando salimos del lugar estábamos mal. Todo por la deshidratación de aquella espera a pleno sol. Caminamos como si estuviéramos en un desierto, y buscábamos un lugar donde vendieran agua. Cuando encontramos uno me tomé una bebida de un trago y estaba helada y con mucho gas. Comimos unos paninis con cerro de aceite de oliva y nos repuso bastante. Caminamos hasta encontrar el tren de regreso a Paris y nunca estuvimos seguras de que iba a en esa dirección hasta que vimos escrito “Gare du Nord”, final del recorrido. (Los demás pasajeros eran todos extranjeros y tampoco sabían nada) Estaba muy mal señalizado.
Como recomendación creo que si vale la pena comprar los billetes para entrar al palacio en la estacion de metro donde compras el billete de tren, aunque salga más caro te ahorras la fila del terror.
Volvimos al hotel destruidas y por la tarde salimos a caminar por Montmartre sólo porque eran las últimas horas y no voleríamos a estar juntas en Paris…
Día 8: Domingo 5 de agosto
Desperté triste. Nos íbamos de Paris.
Dejábamos días de tanta alegría, días en que descubrimos cosas que no volveríamos a ver y recuerdos muy especiales.
El día anterior habíamos comprado en el supermercado cosas que no volveríamos a comer.
Petit marron, una mouse de castañas que era una delicia, unas madalenas con aroma a almendras, paninis de queso, zumo de frambuesa y mandarina. Sería nuestro último desayuno en Paris.
Me comí 3 mousses antes de salir del hotel y me dio pena pensar que no las volvería a probar.
Tomamos nuestras maletas y caminamos al metro. Estábamos nerviosas y era una mezcla de pena, nervios de no perdernos hacia el aeropuerto, emoción, recuerdos, todo…
No fue difícil llegar al aeropuerto. Yo estaba asustada. Tuvimos el mismo problema que al llegar con los tickets del metro que no los vendían ahí mismo. Tuvimos que caminar con las maletas que pesaban mcuhísimo. Teníamos miedo con el asunto sobrepeso pero todo salió bien.
Nos tocó esperar un par de horas. Tomamos algo a la hora de almuerzo y luego subimos al avión.
No hay un día que pase en que no recuerde este viaje. Cada momento, las cosas ricas, la ciudad, la música, mi mamá feliz, las dos juntas, tan contentas.
Se que no se va a repetir , por eso lo recuerdo con mucha nostalgia y con algo de pena.
No puedo dejar de darle las gracias a mi mamá por haberme invitado a vivir esto tan increíble y que nunca olvidare. Te quiero!!
Fin


































April 11th, 2008 at 2:27 am
Que chori, yo también quería ir con ustedes :________(
July 1st, 2008 at 12:38 pm
Nosotros también hemos estado en París una semana la experiencia fue impresionante. Eramos un grupo de 18. Tan bien lo pasamos que incluso nos decidimos a crear una web, http://www.unasemanaenparis.com con todo lo que hicimos durante esa semana en París. Esperamos que os sea útil para vuestro viaje a París.